El fiestero

Veo desde lo que queda de mi terraza al joven guapete que vive en el ático de enfrente; a veces me mira mientras fumo y observo las fiestas en las que las tías acaban en top y los chavales con el torso desnudo que cada noche da en la suya, grande y apetecible en las noches de verano, las cenas con velas a las que invita a chicas, y fuerzo la vista para adivinar los magreos que se pega con algunas. El útimo día de calor, tras entrar en casa me quité la camiseta, cogí de la nevera una lata de cerveza y me puse a bailar junto a mi ventana levantando los brazos de modo ostentoso.

- ¿Qué haces? -me dijo Toña.

- Bailo para que me vea el pavo de enfrente, que no se piense que es el único que se lo pasa bien.

- ¡Que ganso eres! -me comentó Toña riendo, tumbada en el sofá.

Con los primeros vientos de otoño mi vecino y sus colegas han desparecido de la terraza, ya no hay fiestas y tengo que conformarme con imaginar lo que ocurre tras las persianas, soñando con que un día me invite.

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