Dígame (y 2)

Hoy, en plena era digital y cibernética estamos acostumbrados a recibir llamadas a fijo, a móvil, mails, sms y todo tipo de comunicaciones, pero recuerdo que en mi niñez si la motovespa de telégrafos se paraba ante la puerta de casa mi abuela y mis padres se ponían de los nervios. Los telegramas azules con la cinta del texto pegada eran la forma más solemne y rápida para transmitir malas noticias. También recuerdo que se alteraba la paz cuando, tras el ring del teléfono, se oía a mi abuela llamando a mi madre:

- ¡Corre al teléfono, hija date prisa que es conferencia!

- Que ya voy, mamá, que ya voy.

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