Truco o trato

Hace años que no se cuentan historias de miedo alrededor de la mesa camilla mientras se comen casatañas asadas en la penumbra. Hoy, los hijos del Disney Channell, se recorrerán la comunidad de vecinos disfrazdos con la frase del mercadeo capitalista bien aprendida: ¿truco o trato?, mientras los que leíamos El Monte de las Ánimas la noche de difuntos contemplamos extrañados este foráneo carnaval fuera de temporada con con la satisfacción de que, al menos a ellos, no les asustan las supersticiones sobre los muertos.

De paseo

Se invirtieron los términos, este verano mi sobrino me saco de paseo; ¡cómo ha pasado el tiempo! Ellos salen tarde y el tiempo parecía no correr mientras me tomaba unas cervezas en un velador con sus padres y demás familia, impaciente. Por fin llegó la hora del botellón y allí me presento a sus colegas. Mi vanidad creció "hasta el infinito y mas allá" pues los dieciochoañeros no me echaban más allá de veitiocho, y con la moral por las nubes fuimos a una disco en la que, tras invitarles a una copa, hicmos fondo, no quería que pensaran que porque hubiera venido el tio iban a tener barra libre ni responder ante mi hermano de un pedo financiado por mí. La noche, ya madrugada, transcurria a un ritmo vertiginoso, güisqui con redbull y bailes en el podio. Al amanecer, de camino a casa, los obligados churros, con un coro de chavales que gritaba imitando el acento caló: "tiiito invitanos a churros". Negué mis fondos y acabó pagando una chica, extenuado llegué a casa a dormir con una sonrisa de oreja a oreja. Al día siguiente todos los chicos de dieciocho me saludaban por el pueblo. Fue para mí la noche más divertida del verano.

Lluvia

Cuando como hoy llueve, el agua y el gris me invitan a recogerme, a taparme con una manta y, a la vez, a desnudarme bajo ella anhelando tu calor, y ya con los pies secos, quiero mojarme contigo. Cuando como hoy llueve quiero que estés conmigo, tapados, desnudos, secos, mojados, calientes. Cuando llueve como hoy quiero que no escampe.

Arquitectura de memoria


Mi viejo ordenata del despacho ha dicho que ya no trabajará más para mí y, aunque lo veía venir, es algo que siempre le pilla a uno desprevenido por mucho que crea estar preparado. Me ha costado buscar sustituto, pasarle la información, y pese a todo, creo que algunas cosas las he perdido. Dice el técnico que tenía una arquitectura de procesador y memoria anticuada, igualito que algunas personas que conozco.
Aviso: Delincuentes peligrosas

Angustias, Soledad y Dolores no son amigas, pero siempre que tienen oportunidad se reúnen y cada una intenta ser protagonista, la que maneja el cotarro, la reina, virgen y martir, de cada encuentro. Se presentan sin invitación formal, de negro vestidas y con gesto de circunstancias te ofrecen su apoyo, aprovechan cualquier descuido para desvlijarte dejándote tirado por los suelos, hundido, se instalan cómodamente en tu casa hasta que se cansan cuando, preso del síndrome de Estocolmo, empatizas tanto con ellas que eres todas y cada una de ellas por entero. Si llaman a tu puerta, no les abras. Yo nunca dejo que pasen las tres a la vez.
La vieja dueña de Chispas

La placita tiene los domingos al atardecer un ambiente especial. Están los bakalas de mi barrio que, con la excusa de pasear a sus perros, aprovechan para tomarse unas birras y echar unos leños con los amigos, de trankis que es día de resaca; dentro del arenero, están un par de notanjovenes y en ocasiones estoy yo, paseante de perros que no tengo, que hacemos lo propio. La vieja dueña de Chispas, un cachorro salido y juguetón que la supera en fuerza, llega algo más tarde e indeferente a los rulos de los flays nos saluda a todos, nos pide que metamos al perro dentro del lugar reservado para que hagan sus necesidades; se sienta y charla muy animada con los canis de gorra, zapas y sudadera que siguen bebiendo, fumando ante ella y dándole conversación. Pasado un timepo vuelve a requerir nuestra ayuda para ponerle la correa al can.

- Hasta luego chicos -nos dice a todos con su mejor sonrisa.

- Adiós señora -responden educados los kies- y acarician a Chispas a modo de despedida.

La vieja dueña de Chispas siempre deja en nosotros una agradable sensación.

Muerto en Madrid

Abandono con prisas el centro comercial que nunca cierra y la comitiva trata de seguir con regular éxito al furgón negro que atraviesa la M-30 a toda velocidad. Al llegar a la ciudad de los muertos, un anónimo sacerdote recita de memoria, apresurado, un impersonal sermón apoyándose en la pequeña chuleta que lleva en su mano para pronunciar, cuando toca, mi nombre. A las puertas de la capilla rocía con el isopo el coche fúnebre que arranca acto seguido hasta el lugar del sepelio; una cuadrilla de trabajadores cumplen con la rutina de su diaria labor entre comentarios sobre la mejor colocación de la caja para la inhumación. ¿Las flores dentro o fuera? -pregunta uno de los enterradores- y la voz, tímida al principio, de uno de los presentes rompe el silencio y los llantos de mis familiares, adquiriendo protagonismo con una oración de la que algunos no se acuerdan y murmuran entre dientes mientras piensan que no hay sol de verano capaz de calentar el frío que sienten adentro. La hilera de coches abandona la necrópolis y, a la salida del cementerio conectan la radio para cambiar a ritmo de pop todos sus pensamientos. Ya solo, tarareo "me siento tan vivo pero tan enterrado..." y Antonio Flores se me acerca y me susurra "y si la muerte viene a visitarme, que me lleven al sur donde nací, aqui no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid"