El otro día quedamos con unos amigos para ir a un karaoke. El asunto coleaba desde hacía tiempo y al final acudimos a la cita. A mí siempre me ha ido lo del cante, sin embargo no me gustan demasiado los karaokes con su ambiente enrarecido por los profesionales del sector, artistas frustrados que pelean por el micrófono como si les fuera la vida en ello e imitan con desigualdad de resultados a sus artistas favoritos, sin aportar un ápice de personalidad a la interpretación. Allí estaban "la Pantoja", Raphael, Ana Torroja, Loquillo... y todo un elenco de cantantes del más diverso pelaje que se miraban entre sí con ojos aviesos y se disputaban entre copas el turno, sin dejar que nadie no habitual en el local hiciera sus pinitos. Entre ellos había una pareja de jubilados que, tras ensayar durante toda la semana, ponían en escena sus dúos, en ese momento le comenté a Toña que no me apuntaba a ese "plan de jubilación". Por mi parte conseguí subir al escenario y canté "Tu Calorro" agradeciendo después esos aplausos tan poco espontáneos como merecidos, el resto del grupo no tuvo suerte y desesperados nos marchamos sin poder escucharles.


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