Pánico

Mi hijo Pedro es, como gran parte de la familia, obstinado, con algún rasgo maniático, muy ordenado en su vida, que no en sus cosas, responsable, cabal y obediente para su edad. Aún recuerdo cuando, siendo mucho más pequeño, descubrió que el ocho de diciebre es festivo y se empeño en que los ochos de cada mes eran fiesta. El otro día, con semblante muy serio, nos dijo:

- Han empezado las rebajas de El Corte Inglés, lo ha dicho la tele.

- Ya hijo, como todos los años.

- Es que hay que ir, lo dice el anuncio: "ven a las rebajas..."

- Y ¿para qué quieres ir tú a las rebajas?

- Para comprar algo.

- Pero si no necesitas nada.

- Pero si dicen que hay que ir, entonces tendremos que ir ¿no?.
¿De política?, no. De sexo

Piernas que se hacen cruces bajo manos andariegas de aromas, humedades y dureza, lenguas de esgrima que se entienden sin palabras, verbos que no dicen nada y actúan entrecortados por inexistentes tildes, luchas por no vencer, suspiros por ganar, y victoria en la derrota de gemidos sin dolor y niebla en las miradas que disipa el brillo del placer de los cuerpos derrumbados...
De política

Cada vez me cansa más hablar de política, la iteración de argumentos por uno y otro lado me aburre, la repetición inconsciente de consignas lanzadas por los medios ma hastía, la defensa al contrataque en plan Guerra: "pues vosotros también y además dos huevos duros" me subleva, la vehemencia, y la imposibilidad de acercamiento, de acuerdo, me agotan. ¿Para qué hablar de ella si la negociación es imposible?, ¿para qué si al final todos seguiremos pensando igual (o peor)?, ¿por qué no hablar de sexo, que es siempre más divertido?
Siboney

Aprendí de ti que se puede morir de ausencia, de abandono, cuando uno mismo se deja ir, que se puede morir de amor. Y quisiera inventarme un año nuevo en el que no te eche de menos, un enero sin dolor, un día tres sin lágrimas, pero quiero quedarme con la alegre tristeza de poder recordarte siempre bailando al ritmo de Siboney.

Siboney de mi sueño
si no oyes la queja de mi voz,
Siboney si no vienes me moriré de amor.
...
oye el eco de mi canto de cristal,
no se pierda por entre el rudo manigual.